Pununo es una de las comunidades más pobres del país, como cientos de las poblaciones aledañas en el mismo Oriente, o como las de la Costa del Ecuador. ¿Cómo es posible que gente en esas condiciones de vida sea tan feliz con lo poco que tiene? Esa es una de las preguntas que ha rondado mi cabeza desde mi retorno a Quito. No concibo la idea de pensar en gente que no hace más que quejarse y criticar lo que tiene o lo que vive. Cuando hay necesidades extremadamente más urgentes y que requieren de mayor atención. Entre dos mundos distintos, una realidad casi de autómatas y un escalofrío en la sangre pensaba en lo distinta que debe ser la vida en la comunidad. Casi cuatro horas bastaron para darme cuenta de que definitivamente podemos ser felices con tan poco, de que se podría convertir la vida en tan solo un segundo y algunos kilómetros de recorrido. Los quichuas no necesitan de una computadora o un dvd para divertirse o de los lujos a los que nosotros estamos acostumbrados; son gente que sonríe con lo simple de la vida, que viven un día a día en la selva Amazónica disfrutando de lo que sus dioses les propinaron.
jueves, 4 de junio de 2009
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