jueves, 4 de junio de 2009

Realizado por:

Alessandro León y Annagrisel Álvarez


Testimonio

Llevar a mis amigos al Tena por primera vez me recuerda al Coronel Aureliano Buendía cuando su padre lo llevó a conocer por primera vez el hielo. Todos ellos, citadinos, entre los árboles y animales de la selva observaban curiosamente lo que los rodeaba. ¿Quién iba a pensar que al final de todo sería una estupenda experiencia? Verlos caminar con cuidado entre las ramas caídas y con temor de los mosquitos me producía mucha risa, ni siquiera en un examen de matemáticas reconocería su rostro de miedo, aunque sacando cuentas me sentí muy orgullosa de su buena actitud y disposición por conocer algo nuevo y aún más: probarlo.Verlos realizar el deporte de la zona, bajo la inclemencia, el río y el sol; comer cosas desconocidas con la idea de un bajón del estómago, me hicieron notar que son unas hermosas personas y verdaderos amigos. Claro que era su trabajo y por eso estaban ahí, pero nunca reflejaron mala cara. Las experiencias vividas es ese pequeño lapso fueron enriquecedoras y a la vez se convertirán en agradables anécdotas y por supuesto ¡siempre serán bien recibidos cuando quieran!
María Esther Vera

Aproximación a la realidad

Pununo es una de las comunidades más pobres del país, como cientos de las poblaciones aledañas en el mismo Oriente, o como las de la Costa del Ecuador. ¿Cómo es posible que gente en esas condiciones de vida sea tan feliz con lo poco que tiene? Esa es una de las preguntas que ha rondado mi cabeza desde mi retorno a Quito. No concibo la idea de pensar en gente que no hace más que quejarse y criticar lo que tiene o lo que vive. Cuando hay necesidades extremadamente más urgentes y que requieren de mayor atención. Entre dos mundos distintos, una realidad casi de autómatas y un escalofrío en la sangre pensaba en lo distinta que debe ser la vida en la comunidad. Casi cuatro horas bastaron para darme cuenta de que definitivamente podemos ser felices con tan poco, de que se podría convertir la vida en tan solo un segundo y algunos kilómetros de recorrido. Los quichuas no necesitan de una computadora o un dvd para divertirse o de los lujos a los que nosotros estamos acostumbrados; son gente que sonríe con lo simple de la vida, que viven un día a día en la selva Amazónica disfrutando de lo que sus dioses les propinaron.

El viaje espiritual de la ayahuasca


La ayahuasca viene de una planta del Oriente, para su buen tratamiento, se debe cortar de ella sólo sus ramas ya que si se cortan sus raíces la planta muere. Luego con un machete se procede a limpiar los tallos para que queden libres de la corteza y finalmente a partir cada rama en cuatro partes.
De estas 4 partes de cada tallo ya se podía sacar el jugo de la ayahuasca. Este jugo es un alógeno muy fuerte que causa una serie de alucinaciones para quien lo consume. Don Polibio explicaba que se necesita de cierta sabiduría y experiencia espiritual previa para poder pasar por los efectos de la ayahuasca de la mejor manera posible.
Se dice que el efecto de esta sustancia puede durar hasta 15 días, en los cuales una persona normal no podría salir fácilmente y sin traumas después de tantas alucinaciones y experiencias macabras.
Don Polibio comentaba acerca del proceso espiritual que representa esta bebida: “Cuando la tomas, tus sentidos se agudizan hasta el máximo, tu cuerpo y tu mente se transportan al medio de la selva y sientes una inmediata conexión con la misma; escuchas a lo animales, las plantas, el sonido del río chocando con las piedras y la suave voz del viento que te rodea.De repente, una gigantesca anaconda, la dueña y señora de la ayahuasca, se te acerca y se enrolla en todo tu cuerpo desde los pies hasta tu rostro; pero nunca debes asustarte, debes saber controlar todo, si te asustas la fuerza de la ayahuasca te absorberá y tendrás que pasarla muy mal, con días y hasta semanas de terribles y espeluznantes visiones. Pero si estás tranquilo y te muestras sabio, la anaconda entenderá tus intenciones al tomar su bebida, se irá y en ti quedarán todos los poderes curativos y sobrenaturales”.

Una experiencia poco convencional

Estaba aturdida. Habíamos estado por lo menos una hora en casa de Polibio y su esposa. Ya habíamos tomado chicha, nos habían ofrecido carachama (un pez que habita en el río), y que por cierto, no pude comer. Nos contaban historias, era difícil la comprensión, pues ellos solamente hablan quichua y el guía que nos acompañó debía traducir todo cuanto decían. Después de algunos minutos, Polibio se retiró, nos pidieron que entremos a una de las habitaciones contiguas de la choza. Todos entramos, estábamos en silencio. Apenas entré sorprendida ví como en un atuendo muy propio de los shamanes, Polibio tomaba ayahuasca de una especie de recipiente. Iba a proceder a realizar una limpia. Uno de los principales propósitos que tenía del viaje, era experimentarla yo misma. Siempre había escuchado que los shamanes del Oriente son aquellos que las hacen de manera correcta, y sin pensarlo dos veces dije que yo lo haría. Fui la tercera y la última, quería que todas sus energías se quedarán en mi. Sentada en un banquito de madera, lo único que se me ocurrió fue cerrar los ojos. Abandonarme en un estado casi de inconciencia y que Don Polibio hiciera su trabajo, después de todo quería quedar lo más “limpia” posible, pues ¿de qué sirve la limpia, si no quedo limpia?.


Movía sus brazos con una hojas que me pegaban la cabeza, mientras lo hacía entonaba el cántico que cada shamán debe tener para poder hacer las limpias. Durante este proceso solo recuerdo que entré en una estado de paz, y nunca siquiera pensé en abrir los ojos pues la comodidad era extrema. En medio de aquella vivencia poco convencional sentía la necesidad casi desesperada de regresar al Tena, no quería por nada del mundo que la noche llegara pues según Polibio y sus creencias, el demonio se presenta cuando uno está solo en la selva. El temor era grande, pero a medida que pasaban los minutos pensaba en que ahora todo saldría mejor, pues todas las malas energías se quedaban en aquel recóndito pueblo.

El camino para ser Shamán


Muy de repente sacamos a luz una pregunta cuya respuesta ignorábamos. ¿Cómo se convierte una persona en Shamán? Don Polibio sonrío al oír nuestra interrogante y nos contestó en su inentendible quichua del que más tarde nos llegaría la traducción.
Un Shamán tiene la obligación de pasar sus poderes a otra persona cuando lo crea conveniente. Su padre se los pasó a él. Para ello se necesitaba de la simple tarea de soplarle un tabaco puro por los 4 puntos de la sabiduría. Una vez en su pecho, una en su espalda, una en la coronilla y finalmente un soplido dentro su boca. Don Polibio contaba con fe que se sentía cómo el poder de su padre recorría todo su cuerpo.
Lo complicado llegaría después, ya que el supuesto “aspirante a Shamán” debía estar en contacto enteramente con la naturaleza, esto significa que ésta persona debía ser abandonada en la selva durante todo un año sin contacto con la gente. Para colmo, y si esto no fuera suficiente, tenía que superar tentaciones que le imponía el demonio, ya que más de una vez se presentaría en forma de una hermosa mujer con patas de ave, tentándolo a dejar su paz interior y provocándolo para que fracase en su objetivo.
Don Polibio nos aseguró que no fue para nada fácil superar esta prueba. Pero que en definitiva los Shamanes son entes que promueven el bien espiritual del mundo y que ser uno de ellos es un orgullo indescriptible. Después de este año de prueba, Don Polibio pudo empezar sus labores de Shamán.

El Shamanismo

El shamanismo juega un papel muy importante dentro de las comunidades del oriente, los quichuas creen en un mundo espiritual que los rodea, en visitantes que vienen a nuestro mundo para cuidarnos y otros para tentarnos y llevarnos al mal. Entre sus principales creencias está el de sus dioses, que son las montañas y las cavernas así como también creen en el diablo y los duendes.
Muchos quichuas ya conocen y practican el catolicismo, don Polibio, por ejemplo, usaba un rosario que colgaba de su cuello y confesaba creer en varios aspectos de esta religión pero sin dejar de lado los dogmas de su comunidad.
El shamán está siempre en contacto con el mundo de los espíritus, asegura que ellos juegan un papel fundamental en la vida de todos los individuos y de la sociedad en general; así como hay espíritus buenos, también los hay malos y el shamanismo intenta encontrar un equilibrio entre los dos y lograr una paz general; el shamán puede abandonar su cuerpo para ir en busca de respuestas y ayuda sobrenatural y evoca, sobretodo, imágenes de animales de la selva como guías del mundo espiritual y terrenal.Los shamanes actúan por sí solos y desde el lugar que les parezca más cómodo, trabajan bajo la premisa de que el mundo natural se ve constantemente afectado por el mundo de los muertos y espíritus. Además pueden entrar en un trance al, que les permite ver a través del cuerpo de los humanos tal como si estuvieran viendo una radiografía, de esta manera pueden detectar enfermedades para posteriormente curarlas.